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Blog de Viaje: Camboya, costa

Sep 05, 2017

 

La costa es uno de los puntos fuertes de Camboya, creo que hicimos bien en dejarlo para el final en vez de Siem Riep, que era la idea original. Camboya tiene una gran parte de su superficie bordeando el mar, desde Koh Kong hasta casi el delta del Mekong. Hace frontera con Tailandia y Vietnam y comparte ese look paradisiaco e idílico en el que todos pensamos cuando imaginamos las costas del pacífico.

Nosotros sólo vimos Sihanouk Ville y la isla de Koh Rong Sanloem. A mí personalmente el turismo de playa no me convence demasiado porque al final venimos de España, que otra cosa no, pero playas tiene a patadas.  Las playas de Camboya son de arena tan fina que suena al pisarla. El mar es un charco templado donde puedes bañarte a cualquier hora del día sin tener que preocuparte de cómo estará el agua. La respuesta es fácil: mojada y templada.

Dicen de SihanoukVille que es el Benidorm chino, casinos e urbanizaciones de pseudolujo rodeadas del caos que roza la pobreza en las ciudades asiáticas.  Llegamos de noche, lo que nos ahorró ver las obras que inundan la ciudad. Dentro de la Sihanouk Ville hay tres zonas digamos: el centro, afueras, y más afueras. De hecho, se llama Otres beach 1 y Otres Beach 2, intuyo que de autres en francés. La punta más alejada se encuentra a 8km del centro de la ciudad, y ahí es a donde fuimos, ya que todo el mundo nos había comentado que la ciudad en sí era horrible. Encontramos unos Bungalows bastante agradables y decidimos pasar dos noches, ya que cuando quisimos hacer el check-in eran las 10 de la noche y llevábamos 11 interminables horas en autobuses camboyanos, lo que implica un sin fin de videoclips casposos sobre el amor asiático.

Las actividades en la zona de costa en Camboya suelen ser Snorkle, abrasarte vivo al sol, emborracharte como si no hubiera mañana y cualquier combinación de estas tres cosas. Nosotros no bebemos, así que solo hicimos snorkle y nos abrasamos vivos. Las temperaturas no invitaban a estar en la playa, así que cogimos una excursión que te llevaba todo el día a ver otras islas de la zona. Las actividades en sí son bastante pobres, pero el paisaje y el fondo marino lo salvan.

Miraras por donde miraras veías obras a medio hacer. Daba bastante pena, porque no es ya que veas las urbanizaciones hechas jodiendo el paisaje, si no que veías el paisaje y las construcciones a medio hacer. Estaban multiplicando la oferta turística a un ritmo aparentemente desproporcionado. Veías hoteles acabados rodeados de hoteles a medio hacer, todos de gama baja media, uno detrás de otro con carteles con faltas de ortografía invitando a los turistas a verlos. De toda Camboya es la zona en la que vimos más obras, no quiero imaginar cómo será cuando lo hayan terminado.

Niño jugando con materiales de construcción.

Desde el puerto hay dos islas a las que se suele ir, Koh Rong, la Ibiza camboyana, o la que elegimos nosotros, que se supone más tranquila. Se dice que uno se va de fiesta a Koh Rong y la resaca la pasa en Koh Rong Samloen. Como comenté anteriormente, lo de irse de fiesta con 37 grados a un país casi tercermundista no me parece lo suyo, pero cada uno puede hacer lo que quiera. Nosotros pasamos de la fiesta y nos fuimos directamente a desconectar en la isla.Dentro de la isla hay 2 bahías, una con un pueblito de pescadores y otra llena de chiringos con música. Elegimos al azar, pero por suerte nos tocó la de los pescadores, menos mal.

El monzón había roto la bahía, por lo que nos tocó caminar toda la playa a las 12 de la mañana con las mochilas en una odisea abrasados por el calor y la humedad. La bahía en la que estábamos, M’Pai, eran unos 200 metros de playa con un puente que entraba en el mar con unos restaurantes cochambrosos regentados por gente encantadora. La segunda línea era donde vivían ellos, por lo que conservaba bastante autenticidad. Hay una enorme diferencia entre estar en una isla para turistas y estar en una isla donde hay turistas. Podías ser turista, pero podías andar un poco y dejar de ver europeos.

Nada más llegar el monzón nos saludó mientras comíamos. Estábamos a resguardo y veíamos a la gente de la isla tan tranquila mientras el cielo se vaciaba.Los obreros seguían descargando cemento del barco para arreglar el muelle y yo veía una foto cada minuto. Pedí un paraguas al camarero, que me miró pensando “si este idiota cree que no se va a mojar con un paraguas, va listo.”
– No es para mí, es para la cámara.- le dije.
Sin pensármelo dos veces me metí en el mar con un paraguas de Disney que debía ser de su hija e hice una de las mejores fotos de mi vida de aquellos hombres sacando cemento del agua.

Recogida de cemento

Ellos me miraban mientras seguramente pensaban que por qué usaba un paraguas dentro del mar, pero bueno.  Me hubiese gustado verme desde atrás con un paraguas de Minie y una cámara rodeado de hombres absurdamente fibrosos sacando sacos de cemento, como esas imágenes de la época colonialista en las que una doncella se cubre con un paraguas mientras los esclavos araban el campo. Sentía un poco de vergüenza y casi rompo la cámara, pero la foto merecía la pena. El monzón cesó con el postre. Tarde unos 3 minutos en secarme una vez salió el sol.  De 3 a 5 es muy agradable pasear, y atardece a las 6. Al estar en una de las puntas de la isla, se podía ver tanto el amanecer como el atardecer sobre el mar. Al día siguiente, de hecho, unos perros nos despertaron a las 5.50, como avisándonos para que no nos perdiéramos el amanecer. Salimos de la habitación, nos metimos en el agua para ver el amanecer desde el mar y nos volvimos a dormir.

Había decenas de niños corriendo por la isla a todas horas y tuve la suerte de caerles en gracia y jugar con ellos. Me divierte jugar, en general. Me dio mucha pena ese momento en el que un verano vas al pueblo y ya nadie juega como el año pasado. La adolescencia y jugar no se llevan bien. Como los adultos de la isla no están para jugar si no para trabajar, les gustaba jugar con un adulto que les pudiera lanzar al agua, tirar de ellos en una lancha y al que pudieran pegar sin hacer daño.

Perros al amanecer

Hubo un momento en el que 5 niños me perseguían con palos, pero quitando ese momento de puro pánico fue todo muy divertido. Era muy “bonito” ver como todas la tardes los niños me reclamaban violentamente para jugar al pilla pilla porque lo cierto es que no contaba con que me reconocieran al día siguiente. Pensamos en estar dos noches, pero al final estuvimos 3. Al cuarto día ya no sabes que hacer y te entra esa claustrofobia isleña que de alguna manera buscábamos.

Además de los comercios locales y los hoteles había extranjeros que llevaban años en la isla. Ingleses abrasados por el sol que se enamoraron de la isla y que ahora viven ahí. Podías encontrar a Tom, por ejemplo, un ex-militar irlandés que se enamoró de una mujer camboyana y que viven en la isla de un restaurante familiar. A Paul, un inglés pasadísimo de vueltas que decía que le encantaba España, pero que casi no se acordaba porque compró demasiado ácido. Nos lo contó tres veces.

Con todo, era muy agradable ver como la isla tenía vida más allá del turismo, aunque de alguna manera pensamos que vivir ahí sería un día de la marmota durísimo: Cada día turistas nuevos. Si alguno se queda 4 días, como nosotros, puedes entablar algún tipo de relación efímera que desaparecerá en cuanto nos vayamos. Me parece una vida muy dura, y creo que para el cerebro no debe de ser demasiado bueno no ser capaz de conocer gente nueva más allá de los otros extranjeros que regentan negocios, que al final son 5.

En un momento de lucidez Paul nos contó que aunque todo parecía viejo, era muy nuevo, que nada de lo que veíamos tenía más de 10 años, que hasta hace un año no había ni cobertura, que era un “blackspot”. (punto ciego) Que hace 2 años, había 20 camas, pero que ahora había alojamiento para 250 personas. Tom nos comentó que los Camboyanos hacen hoteles sin pensar en cómo dar comida o agua a tanta gente, de una forma muy cortoplacista. La cultura camboyana y la gente camboyana no está preparada para el turismo a ese nivel, en esta bahía no caben 250 turistas- decía. No hay comida para tanta gente, no hay transporte para tanta gente.

Dicho esto, al menos no veías esa decrepitud hotelera de Sihanouk Ville. Veías bungalows uno detrás de otro, pero al menos respetaban el entorno. El turismo en vías de desarrollo está por destruir casi todos los atractivos turísticos de Camboya.

Otra cosa que nos impactó mucho es que las basuras no se recogen, se queman. Como no hay gestión de residuos la basura se quema desde que la gente habita ahí. El problema reside en que hace 30 años quemar basura suponía un problema menor, ya que apenas había gente en la isla y todo era orgánico. Ahora, con el plástico y la población flotante de turistas la quema de basuras es un gran problema, que según el viento puede hacer irrespirable ciertas zonas de la bahía. Es una lástima.

Quema de basuras

Aparte de esto, conocimos a dos catalanes que iban a estar un mes en la isla haciendo Workaway. Yo no conocía ese término, pero me estremeció lo que implicaba.
Por ejemplo: estos dos chicos eran dos diseñadores de interiores de unos 30 años que se cogen la mochila y se van a esta isla, pagando un billete de 850€ y trabajan gratis a cambio de alojamiento y tres comidas.
Es una forma de viajar gratis- nos comentaban. 5 días a la semana, 5 horas al día. Trabajando en la obra pintando paredes para un restaurante. ¿Qué coño le pasa al mundo para que dos personas del primer mundo se vayan a trabajar gratis a una obra en un país subdesarrollado?
Hay que dejar claro que no tiene nada que ver con una ONG o con cooperación y desarrollo. Tu puedes hacer Workaway en Francia, Inglaterra, no sólo en países pobres.  Se supone que es una forma de viajar sin gastar dinero, pero me parece absurdo. Europeos trabajando gratis quitándole trabajo a los obreros de la isla. Tenían que estar flipando los obreros camboyanos.
Además, es un planteamiento absurdo. En un mes, tienes 8 días libres.
Ya que pagas 850 por un avión, que tienes que coger un bus de 6 horas y un barco, ¿no será mejor cogerte esos 8 días libres, pagar los 4€ noche que cuesta dormir ahí y los 2€ que cuesta comer al día, y no vas de turista pobre a trabajar gratis?
Igual lo veo así y no es así, pero me dejó sin palabras mientras me lo explicaban.
Te gastas 1200€ en un mes en el que además tienes que trabajar para otra persona que ni te paga en vez de gastarte 1400€ y estar de vacaciones.
No entiendo el turismo moderno. Eso de ir de pobre para vivir experiencias únicas no le veo sentido. Puedes vivir experiencias estupendas e intensas sin tener que pasarlo mal.

Dicho esto, Las islas junto con la jungla fueron nuestra parte preferida del viaje. Conocimos gente muy agradable, descansamos, desconectamos e hice unas fotos muy bonitas. Si volviese a Camboya, pasaría por aquí sin dudarlo, esperando que no desapareciera ese encanto.

 

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