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Blog de Viaje: Camboya, ciudades.

Ago 21, 2017

Esto no es una guía de viajes, no pretende serlo.

En cierta manera es una excusa para obligarme a ordenar y subir las fotos, y al mismo tiempo enseñároslas con un criterio menos aleatorio y, de paso, contaros mi experiencia en el país por si os animáis a ir.
Y, por qué no decirlo, de recordar mi viaje.

¿Por qué Camboya? Decidimos ir al sudeste asiático porque es uno de los destinos más fiables dentro de los exóticos y es bastante cómodo para viajar. Hace unos 5 años fui a Myanmar con mi familia y me encantó, así que nos animamos a sacar los billetes. En mi cabeza iba a ser un paisaje algo parecido, pero lo cierto es que ambos países no tienen demasiado que ver más allá de lo obvio.

Puente que une las dos partes de la ciudad de Kampot.

– ¿Qué es lo obvio Jaime? – me pregunta mi chica.
– Pues eso, no sé, que comen arroz, son asiáticos y sonríen mucho.

La primera visión que tienes al llegar a Camboya es la capital, Phnom Penh, de unos 2 millones de personas. Para ser una capital asiática es bastante pequeña, con apenas edificios altos y con unas insfraestructuras tercermundistas. Un ejército de tuk-tuks te esperan nada más bajarte del avión para llevarte a la zona turística de la ciudad. Dentro del caos que suelen ser las capitales asiáticas, esta es razonablemente poco caótica: se puede pasear tranquilamente y el olor no es tan fuerte como suele ser habitual en Asia.

Dicen que las ciudades son como los anillos de los árboles, cuanto más dentro, más antigua.
Esta ciudad, al igual que Siem Riep carece de un casco histórico potente, con apenas unos pocos edificios coloniales y tiene realmente muy poco que ver. Objetivamente son ciudades feas. Lo poco que queda de la época colonialista está demasiado decrépito para disfrutarlo, y los templos y museos no tienen demasiado interés más allá del Museo Nacional y la Pagoda de Plata.

La gente va en moto básicamente y no es raro ver a familias enteras subidas en una scooter. No tuvimos sensación de peligro en ningún momento, ni caminando por la noche por barrios sin turistas.

Lo bueno que tiene esta ciudad es que quitando los tres focos de turismo que tiene, la gente vive bastante ajena al mismo, por lo que es incluso agradable pasear tranquilamente bordeando el Mekong, o perderte un poco por la ciudad sin que hordas de gente te intenten vender algo.

Una mujer se resguarda de la lluvia en un mercado en Siem Riep.

El turismo más visible es el de europeos de entre 45 y 65 años solitarios en busca de prostitución. Es habitual ver terrazas en las que sólo se ve a señores blancos solos tomando café esperando, no se sabe muy bien a qué. Quizás a que la viagra les haga efecto.  Una lástima que no se luche más contra esto.
La ausencia total de planes urbanísticos hace que todo sea un “sálvase quien pueda” arquitectónico. Puedes encontrar mansiones de tres plantas con una granja semi derruida al lado. Es habitual que la gente se haga su propia casa, así que cada casa es diferente de la de al lado. Una de ladrillo, otra de madera y otra de paja, como un cuento de los tres cerditos en el corazón del sudeste asiático.

Un niño descansa mientras su madre recoge plásticos para venderlo para reciclar.

Siem Riep, por el contrario, sí que es un nido de turistas, y ni siquiera tiene la condición de gran ciudad. Tiene todo ese bullicio de ciudad asiática, pero tienes que esforzarte para no ver turistas allí donde mires. La ciudad es la puerta a Angkor, uno de los lugares más visitados del sudeste asiático. Un complejo de templos sin parangón a nivel mundial. Ciudades Templos y Templos desperdigados en un radio de casi 50km cuadrados. Incluso algunos, como Koh Ker, a 135km de la ciudad.
Es una parada obligada en Camboya, de hecho es habitual que mucha gente cruce desde Tailandia solamente para ver los templos de Angkor Wat, Thom o Ta Prohm. De no ser obligada no hubiéramos ido, la verdad, y si alguna vez vuelvo a Camboya, no volveré,.

Primero, porque Siem Riep está lejos de todo y la ciudad en sí es lo más feo de todo Camboya, horrible. Segundo, porque 37$/día por ver templos en ese estado es un despropósito.

Gente camina al Sol por las ruinas de Angkor Wat.

Además, la historia del imperio Khmer no está documentada, hay un vacío absoluto de información en cuanto a los templos de Angkor.  No sabes qué ves.
Es bastante frustrante comprarte un libro sobre los templos y leer 40 páginas de Lonely Planet para quedarte con cuatro nombres y unas descripciones de los templos bastante ambiguas.
Casi toda la información que existe la escribió en 1273 un emisario chino, poco más.
No se sabe como vivían, costumbres, deidades locales, nada.
Yo creo que hay que ser exigente como turista con lo que se ve. No quiero tener que decir “guau, qué bonito” y ya está. 37$ no cuesta ni entrar al Coliseo ni a Keops, ni a la Acrópolis de Atenas, donde por supuesto está todo documentado y hay lavabos, escaleras, y zonas de descanso, etc.

Que sí, que los templos son impresionantes, pero el mundo está lleno de templos impresionantes.
Entonces claro, estás viendo todo abarrotado de turistas haciendo fotos a templos que ni siquiera entiendes qué significan.  Tampoco indican siquiera el nombre del templo a la entrada, ni un rotulito y una pizca de información…
Los templos en sí son impresionantes, pero todo lo demás es horrible. Una trampa para turistas, que ni siquiera parecen interesarse demasiado por la historia de los mismos.

Por ejemplo, una conversación real con un chica suiza que conocimos.
– Ah, ¿te gustó Siem Riep?
– No mucho, la verdad, había muy poca información y estaban muy mal conservados, la verdad.
– Hombre, es que tienen miles de años – me dijo.

¿Cómo es posible que vengas de Suiza a Camboya a ver Templos y ni siquiera sepas de cuándo son? Que no te tomes la molestia de mirar en la Wikipedia aunque sea y que me digas que la guía que me he comprado yo es fotocopiada.  Y así todo. Era muy frustrante ver como a cada persona que encontrábamos no era capaz de nombrar que templos había visto. Ni uno, joder.

Supongo que también tuvimos mala suerte en la ciudad. “Y todo esto en temporada baja” –  me repetía para mí.

Nos contaron que al intentar restaurar uno de los templos, lo desmontaron para volver a montarlo después. Es gracioso y triste, pero les sobraron 200 piezas, y no sólo no las quitan si no que las dejan alrededor desperdigadas. Este es un poco el nivel de cuidado que tienen con su cultura. “Si total, será por piedras en el suelo”, pensarán.

Fuimos también a ver las aldeas flotantes de la ciudad.
A los vietnamitas no les dejan vivir en tierra firma en Camboya, por lo que tienen que vivir unas casas cochambrosas en mitad del río. Nos pareció otra trampa para turistas, pero al menos alguien te explicaba algo.
Las únicas personas que vimos sin barca motora venían a pedir dinero a los turistas que estábamos ahí.

Niña a la deriva en una olla pide dinero a los turistas.

El turismo descontrolado tiene eso. Cuando una aldea flotante vive ajena a él, la economía es de trueque, pesca y poco más.
Pero cuando empieza a venir el dinero fácil de turismo, empieza a haber una brecha salvaje entre quienes pescan y quienes fletan lanchas motoras para ver a quién pesca.
Se polariza la economía y se genera una miseria brutal que no parece recibir ni un céntimo de los precios abusivos que te cobran por entrar.

¿Pero qué se puede hacer? ¿No ir? El gobierno debería hacer algo, la verdad, redistribuir el dinero del turismo de una manera para que no parezca que vas a una aldea flotante para que los únicos que floten sean los pobres que vienen a pedirte.

Las otras ciudades grandes  de Camboya son Sihanouk Ville, Battambang, Kampot y Kep.
Nosotros al final sólo pudimos pasar por Kampot, una ciudad algo más tranquila que las otras dos grandes y asentada entre dos parques naturales, lo que hace que las vistas sean más agradables. El ritmo es más tranquilo, las calles más anchas, y aparentemente la gente parece algo más rica.

Vimos una cantidad absurda de pizzerías con Happy Pizza, que debe de ser algo típico de por aquí. Pizza con Marihuana, vaya.
Nunca entenderé lo de irte a 12.000km de tu casa para drogarte con una pizza, pero bueno, otra cosa más que añadir a la lista de los absurdos del turismo moderno.

Sihanouk Ville la evitamos adrede, se la conoce como el Benidorm chino.
Casinos, embarcaciones, discotecas y fiesta, pero con el mismo aire decrépito que Benidorm.
Es una parada obligada para escaparse a las islas, pero ¡eso lo contaré después!

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